Hay actos que si se comparten suman vida, aquí una página que hicimos una amiga y yo una noche de primavera, con alguna cerveza en la mesa, con los corazones llenos de heridas, con ilusiones en alto, con las sonrisas en las manos : https://www.facebook.com/pages/Dardos-https://www.facebook.com/pages/Dardos-%C3%ADntimos/329825307143046
Poco se habla de lo simple que podríamos llegar a ser si fuéramos simples, por suerte, seguimos calculando cuál fue el momento en el que nuestras influencias cósmicas decidieron hacernos tropezar al traernos vestidos más largos que los tacones, anillos que ya no hacen el plural o cartillas de nacimiento esperando despegar de aquella primera identidad. No somos simples en nuestra convención, y algunos creemos en la vida de Marte, que el sí prevalece al no, o que somos chispas esperando un cortocircuito mientras el opio lo toma quien lo ve todo obvio.
Dejar las ventanas bien cerradas no nos evita el desastre para el que también nacimos, los cigarros se apagan, los propósitos se olvidan y el desamor existe. Lo típico no apasiona y lo diferente se asemeja a la física que mueve nuestro aire, los espejos se rompen y lo platónico no te da seguridad, la exageración es momentánea y las ganas se matan bajo las mantas. Esa sensación de levitar, de romper la distancia de seguridad, esa aproximación de una boca que chispea hacia otra que ya se electrocutó, y qué simple parece todo mientras brillamos pegados, ya sea con las reservas que guardamos o con los corazones casa que barnizan nuestras esperas.
Deliberé con mi mar todo lo que el zodiaco no se atrevió a decir, por eso encajé que lo inolvidable sigue sucediendo, y que lo sucedido se pagó deudas que no existían. La libertad de poder bajar por una espalda como quien baja por unas escaleras blandas, esa libertad que a veces ocurre cuando nada más podía pasar, cuando el infinitivo se había convertido en un simple incondicional. No me hace falta equilibrio para mirarte, ni amanecer para madrugarte, solo que ésta escalera me inclina, y yo que sé, hacia tiempo que no corría sin cansarme, por pensarte:
Huele a café y anís,
es invierno en esta farola,
y ayer recordé cómo te conocí,
o mejor, cuándo te rocé sin conocerte,
es un placer pensé,
tú no pensaste hasta que empezó a llover.
Es Febrero en mi pelo,
y tú vuelves con un hacha de menos,
yo aquí con un par de ramilletes rotos,
con un par de letras desvestidas,
pensando que es verano en Urano,
que nadie tiene la culpa,
que las alarmas no sonaron por algo,
que tienes ese algo que produce confusión,
y que "tu confusión te la quito en un baile".
Eres comarca y canción,
eres política kantiana practicando mi razón,
yo una creyente de tus probabilidades,
mientras tropiezo con tus perspectivas celestiales,
eres ciudad asustada a punto de explorar,
¡perdona cariño ese barrio te está demás!,
estoy trazando el océano que dejo tu arqueología,
meciendo tus manías mientras le echo más hielo a tu apología,
¡perdona cariño, vuélveme a mirar!.
jueves, 6 de febrero de 2014
miércoles, 29 de enero de 2014
Viento
Vuelve a quemarme todo aquello que un día quedo bajo las aguas de un vaso del que yo no bebí. Vuelven a quemarme las manos de quien me tocó despacio porque rápido tenía que correr hacia alguien. Vuelvo en versiones diferentes agarrada a los palos que me llevé por no agarrarme a nada. Vuelve su boca a conjugar con todas esas amarguras que el viento de mi ciudad decidió no llevarse.
Con la garra que me ata a todas esas costuras que me estiran los hilos y me hacen sangrar, con las máquinas del tiempo que se congelaron al no verte entrar más en mi habitación. Rompí con aquello que me rompió en trocitos de dos, no creyendo yo en las mitades más que en las de tu boca cuando callan y me dicen todo. Se fueron como los que nos dejaron, se fueron para no irse nunca, y sigo llorando a mis muertos, y a los vivos que parcen estar sin querer. Subí a lo más alto del norte para seguir volando con las alas que me regalaron en el sur, y aquí abajo parece no haberse ido nadie, solo yo cuando tú te vas.
No estuve alerta, ni atenta, nisiquiera estuve a la espera, porque mucho antes tú ya habías llegado para quedarte ssiempre e irte cuando yo frenara todas las velocidades que vomité mientras tú no mirabas. Llegué borracha a casa más veces de las que vacié mis maletas en uno de esos vuelos clandestinos con coordenadas y destino difuminado. Y parece el aire correr más rápido que el agua y parece el agua ahogarme y entregarme toda esa ropa que pensé no necesitar.
Y el amor y el desamor de una historia ilógica ¡menos mal!, de una historia que me grita puntos y resta comas. Miro al cielo más que nunca, papá volvió a donde yo soy sin más, él y su recuerdo, ella y el pulso que no ganamos, yo y todas las conjugaciones que no quise conjugar por miedo a no ser el infinitivo final.
Con la garra que me ata a todas esas costuras que me estiran los hilos y me hacen sangrar, con las máquinas del tiempo que se congelaron al no verte entrar más en mi habitación. Rompí con aquello que me rompió en trocitos de dos, no creyendo yo en las mitades más que en las de tu boca cuando callan y me dicen todo. Se fueron como los que nos dejaron, se fueron para no irse nunca, y sigo llorando a mis muertos, y a los vivos que parcen estar sin querer. Subí a lo más alto del norte para seguir volando con las alas que me regalaron en el sur, y aquí abajo parece no haberse ido nadie, solo yo cuando tú te vas.
No estuve alerta, ni atenta, nisiquiera estuve a la espera, porque mucho antes tú ya habías llegado para quedarte ssiempre e irte cuando yo frenara todas las velocidades que vomité mientras tú no mirabas. Llegué borracha a casa más veces de las que vacié mis maletas en uno de esos vuelos clandestinos con coordenadas y destino difuminado. Y parece el aire correr más rápido que el agua y parece el agua ahogarme y entregarme toda esa ropa que pensé no necesitar.
Y el amor y el desamor de una historia ilógica ¡menos mal!, de una historia que me grita puntos y resta comas. Miro al cielo más que nunca, papá volvió a donde yo soy sin más, él y su recuerdo, ella y el pulso que no ganamos, yo y todas las conjugaciones que no quise conjugar por miedo a no ser el infinitivo final.
miércoles, 11 de diciembre de 2013
El año ha pasado.
El año ha pasado como todo lo que pasa sin querer, la miseria ha incrementado, la indignación ha tirado todos los árboles de mi jardín espacial y el verano no vino tan caluroso como aquel en el que tú y yo eramos muchos siendo dos.
El año ha pasado como una operación a corazón abierto, de sutura en sutura, de ruptura en respeto, de respeto en perderlo y ganarlo con creces.
El año ha pasado como pasaron los malos sobre los buenos para hacerse los buenos inmortales de un mundo no tan bueno ni tan muerto.
El año ha pasado como quien pide un deseo tras la pestaña caída que se convierte en estrella fugaz, rápido, río abajo cielo arriba.
El año ha pasado como ese estirón de por la mañana en el que la niña se hace grande y la sonrisa vestido preferido de alguien a quien todavía no conocemos.
El año ha pasado como quien cuenta los azulejos de ese lugar que abandonamos queriendo sin poder, y sobre los que ahora flotamos saltando a la pata coja.
El año ha pasado como quien no habla por no llorar, y generosamente se sienta en el horizonte a esperar a quien se fue pero siempre está.
El año ha pasado como un prólogo difícil de catalogar, olímpicamente raro pero creciente como la luna y su color a melocotón si le echamos imaginación.
El año ha pasado como quien al dormir cuenta peces y no ovejas, buceando boca arriba, escuchando aviones pasar mientras vienen hacia abajo.
El año ha pasado como si te tirases de una duna y vieras en el aire tu vida volar, a velocidad de vida sin mantenerte en la caída.
El año ha pasado como esa caricia que a la vez dibuja y escribe sin saberlo, siendo analfabeta de tecnicismos y experta en perdidas repentinas, todo ello con una retina incansable de alegría y sabiduría.
El año ha pasado como ese momento en el que alguien te da la mano debajo de una mesa y sonríes para siempre aunque la mesa se parta y las manos abracen a otras manos.
El año ha pasado como quien sopla la vela antes de que terminen la canción, y te la encienden y la repites, y vuelves a soplar rápido como quien sopla un deseo para que rebote en el bolsillo y no escape.
El año ha pasado como ese portazo que de repente abre un ventanal y te abrigas los pies y desnudas la mente, para así nadar crecimiento adentro y cerradura afuera.
El año ha pasado para todos en distintos formatos, distintas canciones, distintas risas y prisas, distintos humos, asientos de avión, de barco, de guagua, el año ha pasado como todo lo que pasa rápido y sin mirar atrás, haciendo que se va pero apareciendo entre tragos y sueños, yéndose como quien se va para ningún lugar.
viernes, 8 de noviembre de 2013
Huella azul, de nombre Noviembre.
Y todo eso mientras los pájaros se morían de hambre, como ella a la hora del taxi, como ella a la hora de no mirar el reloj.
Tiene la cabeza algo triangular, el corazón en la boca y las manos moviéndose como un loco testarudo sin razón. Camina sin saber a dónde pero siempre sabiendo hacia quien. Parece intranquila, motivada y positiva, eso antes del café, a media tarde es melancólica, divagante y merienda recuerdo, es buena anfitriona, recibe con una media sonrisa a cada recuerdo que no le deja dormir, y después cuando se da la vuelta, voltea su sonrisa y llora para dentro, muy para dentro, le pega algún golpe al aire, pero sin hacer drama, que a veces lo hay.
Nunca aprendió a huir en sentido contrario sino en sentido ascendente, como los astros, se enfrentaba con el viento, con la lluvia y con las goteras de la cocina, su objetivo no era ganar nada, sino nadar en todos los toldos de arena de su ventana.
Elástica, azul, isla, una de esas chicas "que piensan como todas y sienten como nadie".
Ahora siente que llegó el momento de algo y no sabe de qué, serán sus casi 25 que la invitan a algo sin saber con quién.
No cree en la monotonía, ni en la ecuación con resultado obvio, ojos normales, que miran demasiado, todo se lo imagina, porque a la imaginación la mira, la observa, la cuida.
miércoles, 9 de octubre de 2013
Sin muros en la mirada.
Cuando hablo sola parece que en verdad hablo contigo, echo de menos llegar a 60 años y no poder sentarme en la silla con las mierdas dobladas, echo de menos no imaginarme frente a tu foto y decirte lo bien que me lo pasé anoche mientras la bebida se regalaba entre cada abrazo de bienvenida, y lo echo de menos porque no quisiera que la juventud de hoy tan joven se convirtiera en un descaro que pasa desapercibido el día de mañana. Me imagino en un banco, de esos de madera desgastados, en un parque de una ciudad nocturna, sin viento pero que las hojas se hagan olas cuando los niños pasen, me imagino allí con un cuaderno y un bolígrafo azul escribiéndote lo que me ha sucedido al salir del trabajo, en cada linea habría rimas, conclusiones sin sentido y una manada de melancolía pegada en cada párrafo en forma de plano, te detallaría que llevo puesto y las últimas ideas que se me han ocurrido cuando picaba cebolla y pena.
Me imagino comprando muchas plantas de colores, abriendo la caja de fotos muchas noches, y seguro como ahora, sintiéndome gaviota y creyendo, y tramando y temiendo. Me gusta el presente porque me puedo imaginar el futuro que me descuadrará, me gusta ubicarme en algún lado sin saber dónde, me gusta pensar que llevaré mi taza de café preferida a otra casa, porque siento hogares en un asiento de avión, y me muero de pena cada vez que tiro de la cadena de mis recuerdos.
Se que tus ojos son peldaños hacia el cielo, yo seguro llevaré el pelo suelto, los pendientes de perlas y los zapatos a juego, tú me miraras y la ansia te saldrá por los cuadernos que llevas tatuados en cada espera. Me gusta imaginarme en plural de la vida, sucesiva a ella sin pedirle nada que no haya soñado, y dicen que cumplimos años cada vez que matamos los daños, y dicen tantas cosas que no me creo nada, nada que no haya pasado antes por el vaivén de tu grieta, de tu dardo sin diana, de tus trompetas con libertad. Hoy no voy a llorar por lo que no fue, hoy solo sueño con esta sensación precedera que se irá conmigo al mañana, al futuro astral que llevaremos en la mirada.
viernes, 4 de octubre de 2013
Crónica de un viento anunciado.
Hace viento y se que es tu sonrisa del sur que me mece todas las costuras de este norte deshecho, es la madrugada que me llamas con flores en las manos, es la madrugada en la que caigo y me levanto, me busco no me encuentro, me pierdo y lo recupero en toda la debilidad que tengo.
Vacilan las estrellas y todos los intentos de llamarse como tú, pinto mientras todos los colores se desvanecen en el espacio, ese que un día me abandonó en un puerto con cuatro ventanas hacia mi habitación.
De un zapatazo el país se tiro en paracaídas, todo parece derruido en esta ciudadela llena de plumas, en este estúpido corazón que escribe y te mira.
Mira como cae la lluvia en el océano de los pies que bailan sin destino, mira como sonríe tu vecina de la mano del amor que lleva en el abrigo, mira como no puedo dejarte de mirar entre los novecientos niños que sucios se sienten limpios.
De un portazo salen raíces de un calendario sin días, como si tirasen del cielo a seres que siempre serán sonido en todo este ruido. La conjugación de pequeños verbos esperanzadores hacen que te tenga debajo de mi almohada como tuvo el insomnio alguna vez a Morfeo. Sigue lloviendo en el país de los hombres rotos, sigue amaneciendo tras la herida que se esconde en mi perífrasis incompleta de racionamientos sin hambre. Es la hora de correr tras un idioma que algún día será imparable, es la hora de envolverse en el continuo paseo hacia la memoria que no memoriza ni asume, sino se envuelve y se muerde.
Está todo el patio interior en huelga, construyendo algo desde el aire, mi ventana ya no tiene cristales y el balcón es una pasarela que me lleva hacia todo esa infancia que se lleva en las manos, que nerviosa te escriben sin dirección. Atraída por esta cobertura que me hace adelantarme al invierno y perderme en todas las hojas que cambian de color según lo cargado que venga el café, finalmente mi niña interior me preguntó por el líquido que cura las heridas, le respondí que coma mucho, que se alimente de todos los árboles abandonados y de todos los bancos solitarios, no me ha entendido en nada pero sonríe moviendo la cabeza desde el llanto hacia el infinito.
Compro y vendo la base de los comienzos que se produjeron en cada visita inesperada, vale la pena morir interrogándose cuando quien cuelga de la cuerda son nuestras ganas y no nuestras cuestas sin subir. No necesito de los rascacielos mas altos, ni tirarme al vacío para sentir un vértigo que me haga reconocer la cara de miedo que llevo en la espalda, no necesito del incondicional para poder saber que en cada cucharada de sal hay una flor que no está siendo regada.
Como aquel que sabe que todo lo que hay es parte de lo que un día hubo, todo ello mientras los taxis vacíos se emborrachan con cada destino no cobrado. A estas horas alguien estará teniendo alguna asfixia muda mientras se cambia de piel para poder mañana decir: acaba de amanecer, despierta, estas punzadas son por la luz que entra de entre las nubes, muérdete el labio y sal ahí fuera, todos llevan la cara mojada y bajan hasta algún puerto, no te duermas, despierta, esto es solo un paseo, un devenir abierto al aire que te hace remolino, que te hace ser pánico, despierta dos minutos después, total, todos te llaman y tú solo miras a ningún lado como si el despertar fuese un volver, sin saber a dónde, pero toda contigo.
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